El contexto bajo el cual se va a iniciar la campaña agrícola 2020 – 2021 no tiene precedentes en la historia económica de Perú.
En diciembre de 2019, la ciudad de Wuhan, localizada en China, dio cuenta del brote de una enfermedad infecciosa que empezó a acabar con la vida de gran cantidad de personas, extendiéndose rápidamente a otras partes del mundo. La comunidad científica, a la fecha, ha determinado que la infección es causada por un nuevo coronavirus que no se había manifestado antes en el ser humano, el cual se ha denominado covid-19.
El 06 de marzo de 2020 se confirma el primer caso de covid-19 en Perú y en los días posteriores el nuevo coronavirus empezó a desplegar su ataque contra la población peruana, a la par que también hacía lo mismo en el resto del mundo. Así las cosas, debido a los niveles de propagación del covid-19 y la gravedad que trae consigo, el 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud declaró que el covid-19 pasó de ser una epidemia a una pandemia.
En estas circunstancias, Perú implementó una política de distanciamiento social que permita de manera gradual espaciar el tiempo de contagio, de manera que no se vea saturada, de un momento a otro, la capacidad instalada del sistema nacional de salud.
Es en ese sentido que el 15 de marzo de 2020, mediante el Decreto Supremo N°044-2020- PCM, el gobierno peruano declaró el estado de emergencia nacional, disponiendo, en consecuencia, el aislamiento social obligatorio por un plazo de 15 días calendario, la misma que ha sido prorrogada hasta en cinco ocasiones. La última prórroga culminó el 30 de junio.
Entonces el covid-19 genera, de partida, una crisis de la salud pública y las medidas para contrarrestar su propagación provocan un impacto negativo en la economía porque la cuarentena obligatoria, como parte de la política sanitaria del gobierno, implicó necesariamente que, de manera temporal, una parte del aparato productivo paralice sus actividades, afectando en consecuencia los mercados de bienes y los mercados de factores.
En efecto, en marzo de 2020, de acuerdo con el INEI (20201), el índice de la producción nacional registró una disminución interanual de 16,3%, luego de observar una trayectoria ascendente por 127 meses consecutivos. Y en el caso de la actividad agrícola, el valor bruto de la producción, a precios de 2007, disminuyó en 0,3% en relación a marzo de 2019.
Mientras que en abril de 2019, el INEI (2020b)2 informó que el índice de la producción nacional cayó en 40,5%. En tanto, el valor bruto de producción de la actividad agrícola, a precios constantes de 2007, exhibió un crecimiento interanual de 0,4%.
Sin perjuicio de lo anterior, a partir de mayo del año en curso se dio inicio a la reanudación gradual de algunas actividades económicas como los restaurantes, por ejemplo, con arreglo a una programación de fases establecidas por el gobierno que implica de parte de los negocios el cumplimiento de un protocolo sanitario para salvaguardar la salud de las personas.
El primer semestre del 2020 a pesar de la situación de emergencia y restricciones a la circulación, la seguridad alimentaria del país no se vio afectada, más allá de las primeras semanas de cuarentena, donde era obvio que se produzcan desajustes en la cadena agrícola, principalmente en el transporte y comercialización en los mercados. Sin embargo, de manera progresiva la situación de abastecimiento se fue autorregulando hasta alcanzar su normalidad, ello debido a que los alimentos consumidos estaban garantizados por la campaña agrícola 2019-2020.
En este escenario, el marco orientador de cultivos se constituye en un instrumento operativo a través del cual el productor agrario puede disponer de información relevante que le permita mejorar sus decisiones de planes de siembra, reduciendo así los riesgos de desequilibrios del mercado que dan origen a la caída de precios y, al mismo tiempo, le provee al gobierno de un instrumento técnico a través del cual se pueda conocer las áreas en donde, por la situación de emergencia por el covid-19, puedan presentarse menores siembras como resultado de la falta de capital de los agricultores Dicho diagnóstico permitirá focalizar el apoyo del estado a través de instrumentos como el FAE-AGRO o el Fondo Agro Perú, garantizando así la seguridad alimentaria.
El Marco Orientador de Cultivos- MOC, está organizado en 12 capítulos que siguen a continuación: En el capítulo 1, se resume la importancia del MOC, como instrumento orientador del pequeño y mediano productor organizado. El capítulo 2 describe la articulación entre el MOC y la Política Nacional Agraria vigente. El capítulo 3 presenta los canales a través del cual el covid-19 se transmite a la economía y agricultura.
El capítulo 4 hace referencia a las características estructurales de la agricultura peruana, tomando como base los resultados del IV CENAGRO 2012. En el capítulo 5 se analiza el comportamiento de la actividad agrícola, a partir del valor bruto de producción de los cultivos transitorios y cultivos permanentes.
Mientras que en el capítulo 6 se resume la situación de los principales factores o medios de producción necesarios para llevar a cabo la actividad agrícola, como la infraestructura y disponibilidad de los recursos hídricos, semillas, fertilizantes, abonos, jornal agrícola, alquiler de tractor. Asimismo, se menciona las acciones que el MINAGRI está emprendiendo para dotar de recursos a la campaña agrícola 2020-2021.
En el capítulo 7 se expone los factores agroclimáticos que eventualmente afectan el rendimiento productivo de los cultivos transitorios, en especial de aquellos que se desarrollan bajo secano.
Por su parte, los criterios que ha seguido la Dirección Agrícola para la priorización de los cultivos son desarrollados en el capítulo 8, destacando aspectos productivos, tecnológicos y de mercado.
El capítulo 9 muestra los resultados de la Encuesta Nacional de Intenciones de Siembra- ENIS 2019 para la campaña agrícola 2020-2021 por cultivo y a nivel de departamento, destacando la presentación de un “semáforo” mediante el cual se alerta los casos en los que las intenciones de siembra se incrementan o disminuyen en relación a su promedio histórico.
El análisis económico de los cultivos priorizados: arroz, papa, maíz amarillo duro, maíz amiláceo, maíz choclo, y quinua se expone en el capítulo 10.
En el capítulo 11, se mencionan las principales estrategias para promover la competitividad, de los cultivos seleccionados con énfasis en arroz y papa.
Finalmente, el capítulo 12 está reservado para las acciones que tomarán el MINAGRI y las direcciones regionales de agricultura en lo que les corresponde, tanto para la difusión y promoción, el seguimiento y evaluación del marco orientador de cultivos.